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Que se diviertan que ya aprenderán

Después de tantos años en esto de los niños, los partidos y las historias del día a día, he aprendido una cosa tan simple como efectiva: Si haces que se diviertan aprenden y cuanto más aprenden más se divierten. Y ahí queda resumido el nivel 1 de cualquier titulación deportiva. Vale, me he venido arriba pero creerme que es mi máxima día a día y después de 8 años el método está más que validado.

¿Y que pasa cuando a ti te parece divertido y a ellos no?

Esta semana pasada sin ir más lejos viví una de esas lecciones que te hacen ponerte en tu sitio. Los compañeros de profesión que lean esto saben que esta es nuestra rutina y que ,y aquí habló por mí, es lo que hace maravillosa esta manera de ganarse la vida.

Al minuto de empezar un ejercicio de la parte principal, (era una serie de 3 repeticiones de 3 minutos cada una) el niño educadamente se acerca a ti:

“Es que me aburro y no me gusta aburrirme, me pongo nervioso si me aburro”. Así, sin filtro.

Un niño de 10 años, que analizan muy bien lo que les va pasando, te dice que el ejercicio esta muy bien pero que no termina de gustarle, y aquí llega tu reacción:

-Te molesta.

Has estado preparando el ejercicio unos minutos de tu vida y a nadie le gusta perder el tiempo, creías que iba a ser un ejercicio perfecto para trabajar errores del fin de semana y además que los niños se lo iban a pasar de la leche porque habías metido una forma de competir entre ellos que tu veías graciosa. Pues eso, los niños no hacen caso porque no lo entienden y por lo tanto te llevas (equivocadamente) un cabreo repentino con ellos.

-Intentas modificarlo.

Esta es la peor parte, las improvisaciones en esto de la planificación en la que tienes que tener en cuenta tantas cosas, casi nunca salen bien, y en mi caso puedo decir sin ninguna vergüenza que nunca.

-Y por fin (tras muchos ensayo-error), PIENSAS.

Por mucho que quieras ser innovador y perfecto en tu trabajo, cuando hablas de enseñar si no llegas a la pasión, estás perdido. Así que decido parar y hacer una cosa que ellos hacen mucho y que nosotros los adultos nos olvidamos continuamente, PREGUNTAR.

“Me he equivocado en el ejercicio. Tenemos que trabajar X, ¿que se os ocurre?”

Y aquí es cuando has aprendido. Te has dado cuenta que ellos saben mucho más de lo que encaja y cómo encaja, que tienen capacidad para creativamente trabajar diferentes aspectos del deporte y lo que es más importante, que los 7 minutos que has perdido creyendo que eres el entrenador del año te lo han devuelto ellos con 10 minutos en los que encima de estar haciendo lo que te gusta, te llevas una buena lección de vida.

 

 

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